Proyecto “Co-construyendo saberes con la comunidad escolar en Ollagüe”

“El Fondo Valentín Letelier ofrece la posibilidad de poner a la universidad como un actor al servicio de los territorios”

CGAB de Favet: Proyecto ganador del Fondo Valentín Letelier

Con el objetivo de promover la valorización y protección colaborativa entre academia, comunidad y Estado, la iniciativa “Salares, ranas, comunidades locales y desafíos futuros: educación para la conservación con un enfoque biocultural” busca promover la valorización del patrimonio ecológico del salar de Ascotán y Cárcote, en la comuna de Ollagüe.

En un trabajo coordinado bajo la tutela de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones, se erige el Fondo Valentín Letelier, instancia concursable que promueve mecanismos directos en materia de vinculación con el medioEste 2025, se cumplen 15 años desde su primera edición, en la que se fortalece el apoyo vía financiamiento y asesoría a los proyectos ganadores.

Una de las iniciativas que mejor integró la sinergia de trabajo en terreno con los valores fundamentales de la Universidad de Chile y la academia es “Salares, ranas, comunidades locales y desafíos futuros: educación para la conservación con un enfoque biocultural”. Para cumplir su objetivo, realizarán talleres teórico-prácticos para niños, niñas y adolescentes; además, se construirá un programa de educación para la conservación de los salares de la provincia de El Loa; y finalmente, se fortalecerá la instalación de un proceso de trabajo colaborativo, simétrico y bi-direccional en el sector.

Los esfuerzos están concentrados en conservar el hábitat natural de anfibios endémicos en peligro crítico de extinción y que se han visto expuestos a la explotación de recursos naturales en el sector. 

Al respecto, en la siguiente entrevista, conversamos con las docentes del Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad (CGAB) de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias (Favet), quienes ahondaron en la propuesta. Se trata de Valeria Rojas, la directora del proyecto y académica de la misma institución; y de Constanza Cabello, profesional ejecutiva de la iniciativa, también parte del CGAB.

En la entrevista revelan detalles de este programa de educación para la conservación de ecosistemas en un contexto de amenaza: la extracción de litio. Esta pugna entre ganancias económicas y preservación de especies endémicas es el problema que se busca solucionar junto a los niños y adolescentes de la escuela San Antonio de Padua, quienes actuarán como promotores del cambio entre los ollagüinos.

Para salvaguardar la integridad de su ecosistema, y manteniendo un acercamiento  no invasivo, la intervención tendrá un enfoque “ecosocial”, que se construye a partir del diálogo y la democracia. “La gente del norte es muy introvertida, de ahí viene el énfasis en el colegio, a través de los niños queremos llegar a los apoderados, desde ahí empezar a crecer”, dice Rojas. A continuación, los pormenores y detalles específicos.

¿Cómo surge la idea de este proyecto?

Valeria: Este proyecto surge a partir de un profesional veterinario que trabaja con anfibios. Es nuestro colega en el centro y también lo ha sido en otras instancias y proyectos. Él es muy reconocido dentro de Chile. Es el doctor Gabriel Lobos, que trabaja hace mucho tiempo en el norte. Fue él quien inició todo lo de la ranita del Loa.

Constanza: Nosotros hemos apoyado como Centro al profesor Lobos en su labor con anfibios y otros proyectos de educación. Ahí nos dimos cuenta de que había que fortalecer este trabajo con el territorio, y que la conservación es un proceso que se tiene que construir con las comunidades simultáneamente.

Nos estábamos preguntando en dónde poder trabajar y justo el Fondo Valentín Letelier abrió. El concurso tenía esta vocación de situar los conocimientos y fortalecer los lazos o vínculos territoriales, así que dentro de eso se armó esta propuesta.

Esta iniciativa busca hacer una sinergia con lo que sea que nos encontremos: esa es la visión del proyecto. Hay muchos otros gestores: ministerios, fondos regionales, otras universidades, e incluso otros proyectos de la Universidad de Chile, pero lo que agrega el Fondo Valentín Letelier es el trabajo con las comunidades.

¿Qué las motivó a decir "ahora sí"? ¿Por qué decidieron postular al Fondo Valentín Letelier?

Valeria: Por el litio. Postulamos casi todos los años al Fondo Valentín Letelier, desde el 2017 que hemos estado participando. Resulta que en Ollagüe hay un salar, y está para el litio, que es lo que nos interesaba. Ahí también es donde están las ranas con las que vamos a trabajar.

Algo que a mí me gustaría implantar en la población es el pensamiento que a pesar de todo lo que pueden obtener económicamente a través de una minera, van a destruir su ecosistema. 

Constanza: Hay varias iniciativas o fondos internacionales en los que uno podría trabajar para promover la conservación de los ecosistemas, pero desde el centro pensamos que la vinculación y los procesos de observación tienen que ser incluidos. La forma de trabajar también tiene que ser colaborativa desde las disciplinas, la academia y tiene que relacionarse con las comunidades. Y eso es justamente a lo que apunta el Fondo Valentín Letelier.

El proyecto viene a potenciar esa construcción y encuentro con el que está a favor o en contra, y así ir consensuando y mediando cuál es el lugar en el futuro que se le va a dar a estos ecosistemas. La idea es que la gente que habita ahí pueda ir construyendo y transformando sus paisajes, sus territorios con esta visibilización de que hay costos, pérdidas, ganancias, pero con este conocimiento y visibilización explícitos.

¿Cómo se va a ver beneficiada la comunidad de Ollagüe con este proyecto del Fondo Valentín Letelier?

Constanza: Creo que el beneficio es abrir un espacio de encuentro, de pensar, de discusión y de construir. En el fondo, posicionar a la comunidad como actores, como parte del entramado de la construcción de su futuro. Es uno de los sellos del Valentín, que te invita a trabajar con las comunidades.

En este caso el beneficio es que ellos puedan ir construyendo su propio proceso de conservación con los salares y sus habitantes. También incluyendo y poniendo al servicio todo su bagaje, conocimiento y forma de habitar ancestral, que también está cruzada por muchas cosas de la actualidad.

Valeria: Ellos, a pesar de que están ahí, no se dan cuenta. Yo viví un año mirando el lago en Frutillar bajo: de tan acostumbrada que estaba, al final ni siquiera lo veía. Si estás en el alto andino pasa lo mismo, cambia la valorización.

¿Por qué es importante que se sigan realizando estos proyectos?

Valeria: Es súper importante por uno de los hitos que tiene que hacer cumplir la universidad, que es el contacto con las comunidades y la gente.

No podemos estar encerrados dentro de la universidad haciendo miles de investigaciones. Es decir, la idea es que conozcan las cosas. Nuestro primer Valentín Letelier fue en La Pintana, que es nuestro territorio. Trabajamos con un colegio que está muy cerca, incluso íbamos caminando.

Nos dimos cuenta de que ellos, viviendo al lado de nosotros, no nos conocían. Nunca habían ido [a la Universidad de Chile], no sabían ni siquiera qué se estudiaba ahí. Porque pasaban en la micro por fuera, nada más. La extensión dentro de la universidad ha sido siempre como el hermano menor.

¿Por qué es importante impulsar la extensión?

Valeria: Porque si no lo impulsas, ¿quién más? Si no lo hacemos nosotros desde dentro, no van a venir desde los territorios a nosotros. Las personas tienen que conocernos, tienen que saber lo que hacemos. Cuando uno habla de que la academia tiene que estar encargada de la investigación, de la docencia y de la extensión, siempre la extensión es como el hermanito pobre.

Constanza: Efectivamente, la universidad tiene un rol social y creo que es beneficioso para la comunidad interna porque nos permite abrirnos al territorio. Se genera un intercambio de los sentidos de realidad, de contextos, y siendo la academia un lugar de producción de conocimiento, por supuesto que es importante mantener estas conexiones. Muchas veces, dependiendo del área, uno se focaliza mucho en la docencia o en la investigación, que es un tipo de producción de conocimiento, pero también tiene que abrirse y adaptarse.

Los Valentín Letelier tienen esta posibilidad de trabajar con estudiantes, de trabajar con academia y uno va haciendo lazos. El Fondo Valentín Letelier ofrece la posibilidad de poner a la universidad como un actor al servicio de los territorios. También es una oportunidad de integrarse en procesos territoriales. 

A la academia se le ve como desanclada y que está en una cúpula, que vive en otro ecosistema, con otras preocupaciones, pero esto no tiene por qué ser así. El Fondo Valentín Letelier es un ejercicio de cómo se deberían ensamblar los procesos de gestión territorial: situada y local.

¿Qué desafíos se vienen en este proyecto?

Constanza: Yo creo que el mayor desafío de estos proyectos es la autonomía, la ejecución en sí misma. La dificultad está en tratar de ejecutar lo que uno escribió y postuló dentro de los plazos, con todos los inconvenientes de estar en Santiago y la distancia, siempre hay emergentes, siempre hay algo.

Pienso que un proyecto que busca trabajar con distintas cosas es complejo en sí mismo. Hay que mantener la calma siempre, mantener la mente abierta al intercambio, a la flexibilidad y al diálogo para ejecutar las cosas de una forma que sea nutritiva tanto para el proyecto, la experiencia como finalmente para el territorio y para todas las iniciativas que se están vinculando. El desafío tampoco es sobreponernos, sino que es trabajar con el territorio y con las distintas iniciativas de forma sinérgica y empática y que vayan siendo un engranaje.

Valeria: Co-construir, es decir, siempre la idea es que los objetivos finalmente sean llegar a un consenso con los territorios. Uno no puede llegar y decir: "No, vamos a hacer esto, cumplir con esto, y se acabó". El desafío es cómo nos ensamblamos a los procesos que están en el territorio. Por más que uno lleve trabajando mucho tiempo, venir con otra iniciativa es un proceso de ensamblaje que tiene que ser cuidado para que no se desarticule.

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